De camas y clásicos

¿Sabéis lo que es una cama dura, lo que se dice dura? Las de la residencia diríanse marmóreas en comparación. Me va bien para mi propósito de acabar durmiendo en un futón.

Lo cual es una excelente oportunidad para citar este clásico:

MENDO.– (Declamando tristemente.) ¡Magdalena!

Hoy no vengo a tu lado

cual otras noches, loco, apasionado…

porque hoy traigo una pena

que a mi pecho destroza, Magdalena.

MAGDALENA.– ¿Tú triste? ¿Tú apenado? ¿Tú sufriendo?

¿Pero qué estoy oyendo?

Relátame tus cuitas, ¡oh, don Mendo! (Ofreciéndole una dura banqueta, bastante incómoda.)

Acomódate aquí.

MENDO.– Preferiría

aquél, de cuero, blando catrecillo,

pues del arzón, sin duda, vida mía,

tengo no sé si un grano o un barrillo.

MENDO.– (Declamando tristemente.)
¡Magdalena!
Hoy no vengo a tu lado
cual otras noches, loco, apasionado…
porque hoy traigo una pena
que a mi pecho destroza, Magdalena.
MAGDALENA.– ¿Tú triste? ¿Tú apenado? ¿Tú sufriendo?
¿Pero qué estoy oyendo?
Relátame tus cuitas, ¡oh, don Mendo! (Ofreciéndole una dura banqueta, bastante incómoda.)
Acomódate aquí.
MENDO.– Preferiría
aquél, de cuero, blando catrecillo,
pues del arzón, sin duda, vida mía,
tengo no sé si un grano o un barrillo.

(La venganza de don Mendo. Pedro Muñoz Seca.)

Advertencia sin costes a su cargo (ya que estamos citosos): Un colchón blando puede ser perjudicial para su espalda.

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